Lucifer era el más bello de los ángeles, el más querido por Dios. Pero un mal día, llegó a creer que su poder era superior al del Señor. Se rebeló, no consintió en obedecer a la autoridad y cayó en desgracia. Fue apartado del paraíso celestial y la furia de Yahvé lo combatirá por los siglos de los siglos. En el mundo en que vivimos no es una autoridad universal la que puede aniquilar a quien se opone a sus dictados. Son pequeños poderes individuales que intentan imitar la potestad primigenia en el momento de hacer respetar su ley. Los hay de todo tipo: militar, económico, académico, artístico….Estos, van cambiando pero lo que no cambia nunca, el único pecado que no se perdona, es el de la insubordinación contra el más fuerte.
En el Arte, los románticos se opusieron a los clasicistas y fueron demonizados. Cuando algunos pintores contradijeron las normas académicas fueron expulsados de los certámenes que estas promovían. El “Salon des Refusés” es un ejemplo claro de ese infierno. El lugar donde fueron a parar los revoltosos que habían sido expulsados del cielo, es decir, las salas oficiales. La forma de demonizar es variada, descalificación, ignorancia, olvido y finalmente la burla. La mayoría de movimientos revolucionarios son condenados al fracaso, pero algunos, tienen suficiente empuje como para resurgir y conseguir el poder. La revolución francesa y rusa son ejemplos claros.
En el campo del Arte, el triunfo del expresionismo abstracto en los años sesenta en Norteamérica, extendió su doctrina prácticamente a todo el mundo. Este triunfo, claro está, hizo que todos sus representantes desbancaran a todos los anteriores guardianes del “antiguo orden”. La abstracción y sus representantes terminaron acaparando premios, medallas, museos, universidades y las tribunas de opinión de periódicos y revistas.
Este importante cambio se debió a multitud de factores, cambios sociales, ambiciones personales de sus protagonistas, intereses políticos y económicos. De todo un poco. La ruptura en fin, de un proceso que venía encadenándose desde el siglo XIX.
Y el realismo académico perdió prácticamente la batalla. Algún intento de “golpe de estado” nos llevo a algunas tendencias como el pop-art, el minimalismo, el land art, el arte povera, el arte conceptual o las video instalaciones y en ciertos momentos ha parecido que hacían tambalear el imperio del expresionismo abstracto. Pero lo curioso es que éstos y aquellos lo que han seguido demonizando es al gran caído, al realismo.
Y es que como si se tratase de una obsesión patológica, siguen atacando cualquier nuevo intento de figuración artística. Los figurativos agachan la cabeza e intentan sobrevivir en un mundo donde la crítica al igual que San Miguel, sigue machacando las mil cabezas de esa serpiente que sorprendentemente sobrevive…POR ALGO SERÁ…
Extraído del libro de JOSEP SEGÚ “Pintar la realitat”

