Josep Cisquella
La sala de arte El Quatre inicia su andadura en Barcelona con una exposición dedicada al desaparecido pintor realista
diferencia de lo que ocurre fuera, aquí cuando un artista fallece algunas galerías olvidan sus obras.Las galerías de arte se posicionan en el mercado y en el imaginario de los autores, gestores, coleccionistas y público en general, en relación a los artistas que representan. Si entramos en la web de la Forum Galleryo la Marlborough, de Nueva York, o nos fijamos en sus catálogos, encontramos: Agents for… (Representantes de…) y a continuación, un listado de autores vivos. Al final añaden: The estate of … (El legado de…) y a continuación citan el nombre de los desaparecidos cuya obra ellos siguen defendiendo. Otras galerías, como la Pace Gallery, Aquavella Galleries, O.K. Harris o Louis K. Meisel colocan a todos los elegidos en el mismo apartado, independientemente de las circunstancias particulares del creador. Cuando el patrocinado ha muerto, siguen representando su legado, demostrando que para ellos el artista es un valor sólido, no una moda pasajera. Aquello que trasciende es la obra y, por lo general, el finado no suele llevarse sus cuadros al más allá.
Aquí, sin embargo, cuando un artista muere su obra suele pasar un purgatorio que puede durar décadas o siglos. Cuando un pintor comete el error de traspasar, algunas galerías intentan desprenderse de su obra de inmediato, a toda prisa, con el estropicio de prestigio y de valor económico que conlleva esta inexplicable actitud. En general, la familia acaba gestionando el legado sin los medios y la preparación profesional adecuada.
El mundo del arte celebra la decisión de Rosa Ferrer y Xavier Fernández de abrir una nueva galería en Barcelona, El Quatre. Un negocio que, después de 27 años en activo en Granollers, se ha instalado en la calle Rosselló, 193. El Quatre se reinventa, iniciando su nuevo camino con un legado, el Legado Cisquella (Barcelona 1955- 2010), uno de nuestros realistas más internacionales.
Esta exposición nos muestra un resumen de las series sobre las que solía trabajar Cisquella. Muestra primeros planos de barcos, baldosas del Passeig de Gràcia, objetos oxidados, sombras de instrumentos musicales, de bicicletas o de vegetación proyectadas sobre una pared rugosa. También se exponen temas menos conocidos, una escalera mecánica, una veleta ibizenca o un anuncio de Pepsi-Cola desgastado. La broma antiesnob que solía utilizar el propio artista para describir una exposición multitemática era: una capsa de galetes variades.
Josep Cisquella nos hablaba de momentos vitales, de la fugacidad del instante y del tiempo, borrador implacable de toda huella humana. Le movía la eterna lucha por fijar vivencias, por captar el momento preciso en que el sol proyecta la sombra de un objeto sobre una ventana, una puerta, una pared. Profundizaba en el contraste entre luz y sombra, entre el objeto real ausente y su proyección persistente, entre la vida y su contrario. Cisquella nos esconde el objeto y nos obliga reconstruirlo mentalmente, sobre la base de su proyección en una superficie irregular. Para mostrar el sol dibuja sombras. Su obra sigue manteniendo activa nuestra imaginación y nuestro cerebro en actividad permanente.
En estos momentos de grave crisis económica, los artistas de familia acomodada vuelven a tirar del cheque mensual de papá. La mayoría busca impartir clases particulares, prepara su ingreso en alguna academia de dibujo o se apresta a renovar su carnet de patrón de barco, de camión o de taxi. Tal vez siempre haya sido así. Los que sigan construyendo una obra sólida, como la de Josep Cisquella, robando horas a las tareas de supervivencia, enviarán al mundo un mensaje perdurable en la botella. Esperemos que encuentren algún marchante, con la suficiente sensibilidad para mantener su nombre en la lista y preservar el legado.
















