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Antoni Miralda reabre el Palacio de Velázquez

Sábado, junio 19th, 2010

Antoni Miralda reabre el Palacio de Velázquez

El próximo miércoles, 23 de junio, el Museo Reina Sofía inaugurará la exposición Miralda. De gustibus non disputandum en el Palacio de Velázquez del Parque del Buen Retiro de Madrid, un espacio cerrado desde 2005 que abre de nuevo sus puertas al público con la retrospectiva más importante que se ha hecho hasta ahora de Antoni Miralda (Tarrasa, Barcelona, 1942).

La muestra propone un recorrido por su amplia trayectoria partiendo de un contexto histórico y artístico global. Desde sus primeras obras y ceremoniales públicos realizados en París en la década de los sesenta, hasta las grandes intervenciones intercontinentales del proyecto Honeymoon (1986-1992), para llegar al FoodCulturaMuseum (2000-2010), su proyecto más reciente. 

Trabajo sobre el terreno

Miralda. De gustibus non disputandum se compone de instalaciones, montajes fotográficos, proyecciones de películas, esculturas/monumentos, objetos y dibujos preparatorios. Destaca la presentación de Stomak Digital, una base de datos o archivo digital que pone a disposición del usuario toda la obra del artista hasta la fecha, digitalizada y ordenada por temáticas o tipologías.

La obra de Miralda, inseparable de un contexto social y político, es un trabajo de observación ‘sobre el terreno’ cercano a la etnología. El artista aborda aspectos desatendidos en la práctica del arte, entre ellos el de los alimentos como experiencia artística y la implicación del público participante en el acto creador.

En palabras de la comisaria de la muestra, Danielle Tilkin: “a través de acciones ceremoniales, Miralda pone en escena minuciosas coreografías, fiestas de los sentidos y de la vida. La ritualización de la comida, su preparación, coloración, ofrenda o consumición, se convierten en magnífica celebración de lo imaginario hecha realidad por centenares de participantes”.

Antoni Miralda, a lo largo de sus más de cuarenta años de presencia en la escena pública, ha realizado un trabajo que no ha cesado de analizar y de apropiarse de los temas más complejos y vitales de nuestra sociedad para transformarlos en una iconografía singular en contraste con un lenguaje vivo y sugerente. Aunque para invitarnos a reflexionar sobre los hechos del mundo contemporáneo suele recurrir al humor mordaz, también analiza numerosas de las facetas que le interesan a través de proyectos complejos en los que la participación del público ocupa un lugar significativo.

Miralda inicia sus estudios en 1958 en la Escuela Textil de Tarrasa y los prosigue en 1962 en el Centro de Estudios Pedagógicos de Sevres (París) y en 1964 en el Institute of Contemporary Art de Londres. En 1966 se instala en París, trasladándose posteriormente, en 1972, a Nueva York.

Sus primeras obras tienen un marcado carácter objetual de resonancias políticas pacifistas. En 1967 forma equipo con Dorotheé Selz, adentrándose hacia el “arte comestible y las obras ceremoniales y participativas”.

En colaboración con la restauradora Montse Guillén, en 1984 abrirán el restaurante El Internacional en Nueva York. Es a través de su más reciente proyecto FoodCulturaMuseum cuando sus objetivos artísticos derivan en un panorama gastronómico de la sociedad post industrial marcado por la desaparición de los particularismos en favor de la uniformidad internacional y ofreciendo una forma participativa del comportamiento social en donde el grupo humano se reúne en torno a la mesa.

En 1990 presenta en la Bienal de Venecia su Honeymoon Project, consistente en la puesta en escena del enlace entre la estatua de Colón de Barcelona y la de la Libertad neoyorquina. Sus proyectos transcurren en largos periodos de tiempo y requieren la asistencia de un grupo numeroso de colaboradores, así como la cooperación de los espectadores/participantes.  

Madrid. Miralda. De gustibus non disputandum”. Palacio de Velázquez de El Retiro. Museo Reina Sofía.

Del 24 de junio al 11 de octubre de 2010. 

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1957-1962, cinco años que cambiaron el arte para siempre

Miércoles, junio 16th, 2010

Hoy abre sus puertas en el Museo Reina Sofía de Madrid la exposición Nuevos Realismos: 1957-1962. Estrategias del objeto, entre readymade y espectáculo, que pretende iluminar a través de 230 obras de 29 artistas el punto de inflexión que se produjo en el arte de la segunda mitad del siglo XX precisamente en aquellos años.

Robert Rauschenberg, Yves Klein, Allan Kaprow, Martial Raysse, Christo, Piero Manzoni, Jean Tinguely y Andy Warhol, entre otros, son los protagonistas de esta muestra de gran envergadura, no sólo por el número de artistas que se han reunido para la ocasión, sino porque pone de manifiesto la importancia y el papel catalizador que jugaron todos ellos en un periodo muy concreto de la historia del arte.

Breve lapso de tiempo

Aunque la década de los sesenta ha sido catalogada con términos como pop, Fluxus, minimalismo y arte conceptual, el breve lapso de tiempo en que se generaron sus criterios clave se resiste a ser denominado bajo tales sustantivos. Esta muestra se ciñe a esos primeros años de creación y aunque hasta el momento se han realizado numerosas exposiciones con estos artistas como protagonistas, a menudo se han seleccionado en función de su nacionalidad o como retrospectivas. De ahí la importancia de ésta, porque, como recuerda su comisaria, Julia Robinson, “amplía su horizonte al reunir obras de artistas tanto europeos como americanos con trayectorias paralelas, superando los límites de la nacionalidad”.

En resumen, Nuevos realismos: 1957-1962 se define más por un marco temporal que por formatos o medios concretos, de forma que cartografía un campo internacional del arte en un periodo finito de importantes cambios. “Esta exposición –recuerda Robinson– no atiende a términos establecidos por galerías o canonizados por críticos. Busca retomar la historia de este periodo antes de que se enredase con nombres y categorías; invita al visitante a explorar, año a año, las obras de este momento finito, que se despliegan y transforman como si por primera vez ocupasen un lugar en la historia. Podemos ser testigos no sólo de las new forms y new media, sino también de las nuevas estrategias expresivas, acciones y perfomances que hicieron de aquellos años de experimentación proteica una de las etapas más fértiles del siglo XX”.

Con la muerte de Jackson Pollock en 1956 se daba paso al fin definitivo del expresionismo abstracto americano y nuevos horizontes artísticos comenzaban a perfilarse. Tal y como señala la comisaria, en el paso a los años sesenta, una generación de artistas rompió la autonomía de lo moderno con un “nuevo realismo” que hacía uso del espacio real y el tiempo real.

Todos ellos tenían en común un intento por alejarse de la pintura expresiva y de retornar al objeto, inspirándose en sus determinaciones más avanzadas hasta la fecha. Estos creadores emergentes pretendían convertir los gestos grandilocuentes en acciones cotidianas y descubrir, entonces, una nueva práctica artística a través de la transformación de sus estrategias y contextos.

Intenso recorrido

El recorrido de la muestra comienza con una sala denominada “Fuera de abstracción” que supone la respuesta de toda una generación de jóvenes artistas que se alejaban de la pintura abstracta dominante en el panorama artístico en las últimas décadas. El influyente ensayo de Allan Kaprow, The legacy of Jackson Pollock (El legado de Jackson Pollock, 1958), argumentaba que la pintura debía convertirse en un entorno, un ambiente, a partir de la vida en la calle.

Estos artistas que dejan la pintura para pasar a la acción, transforman los grandes gestos en acciones cotidianas. El francés Yves Klein es un ejemplo claro de ello y su trabajo constituye una pieza fundamental en la muestra, por lo que se incluyen algunos de sus 11 monocromos azules que en 1957 presentó en cinco galerías europeas. Sus pinturas, idénticas en tamaño, estaban montadas a alturas escalonadas. Esta forma coreográfica de colgar los cuadros sugería cierta escenificación de la pintura. Las diferentes muestras realizadas por el artista no estaban exentas de elementos espectaculares como, por ejemplo, la liberación de 1.001 globos azules que llenaron de azul el cielo de París.

Otro de los autores fundamentales representados es Jean Tinguely, que colaboró junto a su amigo Yves Klein en varias exposiciones. En esta ocasión se incluye la obra Excavatrice de l’espace, que se expuso en la galería Iris Clert junto a los monocromos de Klein. La obra Ballet de pauvres (El Ballet de los pobres) de 1961, es una de las piezas claves del recorrido: diversos objetos colgados de una plancha metálica sujeta al techo, se mueven produciendo un ruido ensordecedor.

El escaparate de Iris Clert

Sin duda, otra de las obras más significativas de la muestra es la reproducción exacta del escaparate central de la galería Iris Clert, realizado por Arman en 1960. El artista recorrió las calles de París buscando objetos desechados y con ellos rellenó el escaparate de la galería.

Un año antes, en 1959, había empezado a trabajar en una serie de Poubelles (cubos de basura): desperdicios acumulados en vitrinas de cristal, también aquí presentes y que definían nuevos términos para la escultura y para la codificación del objeto.

La muestra finaliza con unas salas dedicadas a lo que serían los primeros pasos o primeras manifestaciones del Pop Art. La propia comisaria tiene un término para definir a este periodo: Popie, con el que se refiere al Warhol que todavía no es Warhol, o al Lichtenstein que está empezando, es decir a los “cachorros” del nuevo arte.

La exposición se ha organizado de manera cronológica, y aunque el grueso de las obras se exhiben en la primera planta del edificio Sabatini, hay piezas que sobrepasan las puertas de las salas y se muestran en diferentes lugares del Museo. En uno de los pasillos del claustro, por ejemplo, se ha reproducido una enorme instalación de Allan Kaprow, Yard, compuesta por más de mil neumáticos.

Y además…

Adicionalmente, la exposición recoge diversas instalaciones, obra gráfica, esculturas y pinturas, y se ve enriquecida con una selección de material documental que reúne escritos de artistas, fotografías, libros, prensa de la época o incluso libros de invitados de las galerías… Se proyectarán igualmente un total de doce películas, como documento esencial para activar y evocar las acciones que originalmente formaron parte del arte creado en este momento.

También se ha editado un catálogo que, además de reproducir las obras expuestas, cuenta con textos realizados por prestigiosos historiadores de arte y críticos; Ágnes Berecz (doctora por la Universidad Sorbona de París) Benjamín H.D. Buchloh (catedrático de la Universidad de Harvard), Emmelyn Butteerfiel-Rosen (doctora por la Universidad de Princeton), Hannah Felman (doctora por la Universidad de Columbia), y Julia Robinson (doctora por la Universidad de Princeton y comisaria de la muestra). Por otro lado, el catálogo cuenta con una amplia cronologia compilada por Billy Kliver y Julie Martin (investigadora, escritora y productora de películas documentales sobre Robert Rauschenberg y EAT–Experiments in Art and Technologie– entre otros).

Los artistas que se encuentran representados en la exposición son los siguientes: Arman, George Brecht, Robert Breer, Cesar, Christo, Jim Dine, François Dufrne, Gérard Deschamps, Öyvind Fahlström, Raymond Hains, Allan Kaprow, Yves Klein, Yayoi Kusama, Roy Lichtenstein, Piero Manzoni, Claes Oldenburg, Giusseppe Pinot Gallizio, Robert Rauschenberg, Martial Raysse, Mimmo Rotella, Niki de Saint Phalle, Daniel Spoerri, Jean Tinguely, Ben Vautier, Jacques de la Villeglé, Wolf Vostell, Andy Warhol, Robert Watts y Robert Whitman.

Estrategias de innovación

A comienzos de 1957, Marcel Duchamp, gran figura del dadaísmo e inventor del readymade, dio una conferencia en Estados Unidos titulada “El acto creativo”. En un momento en que parecía que la pintura moderna que había predominado durante las décadas 40 y 50 había muerto junto con Pollock, su protagonista más lúcido, Duchamp, señaló que la expresión directa había quedado obsoleta. En un contundente acto de desmitificación de la subjetividad artística, anunció que el espectador era quien “completaba” la obra de arte.

Para Duchamp, el artista desempeñaba el papel de un mediador que canalizaba los significados ya inherentes a los objetos y a los materiales, abocados a cambiar a lo largo del tiempo. La fuerza conceptual del readymade comenzó a comprenderse a finales de los 50 a través de diversas exposiciones y de la importante publicación de la primera monografía de su obra en 1959. Su proyecto, aún difícil, fue defendido por el compositor John Cage y puesto a prueba en la obra de Robert Rauschenberg, uno de los primeros en extender los límites de la pintura mediante la incorporación de objetos readymade en sus “Combines”.

El término Nouveau Réalisme fue acuñado en 1960 por el crítico francés Pierre Restany para describir a un grupo de artistas que estaban definiendo una serie de enfoques de la práctica artística radicalmente nuevos: desde la espectacularización de la pintura hasta la acumulación y la fijación de objetos cotidianos en nuevos marcos fortuitos, infundidos de temporalidad.

El término empleado en este caso, en palabras de la comisaria de esta muestra, Julia Robinson, pretende distanciarse de su carga específica original. El «nuevo realismo» que aquí se define constituye un objeto histórico de carácter híbrido, que sintetiza no sólo las iniciativas del grupo francés que se constituyó en 1960, sino un contexto más amplio que comprende figuras fundamentales en Estados Unidos desde Robert Rauschenberg, capaz de abarcar un interés persistente por la pintura y el retorno del readymade, hasta Allan Kaprow, quien introduce el happening como nueva estrategia artística.

Otro de los puntos clave de estas propuestas es el hecho de que huían de los museos y de las clasificaciones más tradicionales. Estos artistas se reunían en torno a exposiciones, performances y eventos, y se organizaban en pequeñas galerías comerciales punteras. Galerías de arte pequeñas regentadas, en su mayoría por mujeres, presentaban con entusiasmo el arte joven, rechazado por el establishment y en colaboración con los artistas, desarrollaban estrategias de innovación para dar rienda suelta a sus experimentos. Por ello, espacios como la Galerie Iris Clert de París, la Martha Jackson Gallery o la Anita Reuben Gallery de Nueva York tienen un lugar destacado en la muestra.

 

Madrid. Nuevos Realismos: 1957-1962. Estrategias del objeto, entre readymade y espectáculo. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Del 16 de junio al 4 de octubre de 2010.

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“Forma, signo y realidad. Escultura española 1900-1935” en el Museo Oteiza

Jueves, junio 3rd, 2010

 

La revolucionaria transformación de la escultura durante las primeras décadas del siglo XX y la irrupción de la escultura de Jorge Oteiza a principio de los años treinta, es objeto de análisis y representación en la exposición “Forma, signo y realidad. Escultura española 1900-1935” abierta en el Museo Oteiza, comisariada por Carmen Fernández Aparicio, que revisa su desarrollo desde principio de siglo hasta la partida de Jorge Oteiza a Hispanoamérica; y analiza los momentos más relevantes de este periodo de transformación y radical superación de la tradición figurativa, con obras cedidas para la ocasión por el Museo Reina Sofía, de Madrid y otras procedentes del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Patio Herreriano de Valladolid, MNAC de Barcelona, IVAM de Valencia, Artium de Álava, MACBA de Barcelona, y otras instituciones, entre ellas el mismo museo Oteiza que le da acogida.

El recorrido expositivo se abre con piezas de Paco Durrio, Nemesio Mogrobejo, Clará y Mateo Inurria, y sigue con el clasicismo que se abre camino en Madrid representado por Julio Antonio, Daniel González, Enric Casanovas y Manolo Hugué quien logró una obra de síntesis entre clasicismo y vanguardia. Mientras que los nuevos realismos lo encarnan trabajos de Mateo Hernández, Pérez Mateo y Ángel Ferrant, con la original y depurada escultura de Joan Rebull y la figuracióin moderna de Pablo Gargallo. La escultura en hierro soldado que realizó Julio González superando, junto con Picasso, la idea del bloque, y adelantar los conceptos constructivos de Torres García o la invención del objeto surrealista en el que trabajaron Dalí, Óscar Domínguez, García Lamolla, Eudald Serra, Marinel.lo y Cristófol.

Por último, la exposición concluye en la originalidad de la escultura surreal de Alberto Sánchez y su profundo vínculo con la naturaleza y el paisaje rural, que se convirtió en lo más avanzado y esperanzador de la escultura de vanguardia realizada en Madrid desde el final de los años veinte; y que fue el punto de partida fundamental para dos artistas vascos, Nicolás de Lekuona y Jorge Oteiza, que culminan el recorrido de la exposición que finaliza cronológicamente en 1935, año en que Oteiza marcha a Iberoamérica.

La exposición “Forma, signo y realidad. Escultura española 1900-1935”, se mantendrá abierta en el Museo Oteiza, de Alzuza, hasta el 19 de septiembre.

http://www.museooteiza.org/

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