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Magritte, invitado al Bellas Artes de Bilbao

Miércoles, julio 6th, 2011

El programa La Obra Invitada del Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge la obra La Belle Sociéte (1965-1966), un óleo sobre lienzo de 81 x 65 cm realizado por René Magritte (1898-1967) y perteneciente a la Fundación Telefónica que recoge uno los motivos más célebres del artista belga: el hombre tocado con un bombín y sin rostro, que a menudo ha sido interpretado como álter ego del propio Magritte.

Aquí, la figura aparece duplicada y silueteada para alojar, respectivamente, un tupido follaje y un paisaje con el cielo y las nubes como protagonistas. Esta peculiar mezcla entre realidad y ficción produce una imagen desconcertante, característica del estilo del maestro belga. En 1927, Magritte se trasladó a París, donde entabló amistad con André Bretón y se convirtió en uno de los miembros más destacados del grupo surrealista. Sus composiciones se caracterizan por la yuxtaposición de objetos cotidianos en contextos inusuales, representados con una pintura depurada de colores claros y en fondos planos. 

Juego visual y poético

Magritte estudió en la Academia de Bellas Artes de Bruselas. Allí experimentó con el constructivismo y realizó sus primeras obras de juventud, relacionadas con el mundo de la, por entonces, incipiente publicidad. En los años veinte mostró interés por el fotomontaje y el collage, técnicas al servicio del juego y lo irracional. Son los años de esplendor del surrealismo, y, único pintor entre escritores, entró a formar parte del grupo surrealista belga junto a Camille Goemans, Mesens y Paul Nougé.

En 1927 se instaló en París y allí se relacionó con André Breton, Paul Éluard y el grupo de los surrealistas franceses. Sin embargo, fue el pintor italiano Giorgio de Chirico quien más influencia ejerció sobre su manera de entender el cuadro, ese espacio irreal donde los objetos tienen la presencia misteriosa de lo metafísico, corriente tan próxima a lo surreal.

En los años treinta afianzó su relación con el surrealismo y descubrió la metamorfosis como recurso que, en un juego visual tan inquietante como poético, transforma los objetos. El interés por el lenguaje le llevó también a explorar la relación entre el contenido de las palabras y sus significantes y referentes visuales: Magritte cuestiona las asociaciones convencionales y provoca extrañeza donde normalmente no la había. Pone en entredicho el sentido común de la lógica e infunde un nuevo contenido a las formas, ya que los objetos no se representan a sí mismos. Claro ejemplo es la conocida obra de 1928-1929 La trahison des images, donde muestra la imagen de la célebre pipa con la frase “Ceci n’est pas une pipe” escrita debajo. Magritte apela a la fantasía del espectador para encontrar sentido al juego. Cambia también las relaciones de los objetos entre sí, los nombres que los designan, el espacio en el que se encuentran o la perspectiva y tamaño de los motivos.

Línea segura

En La Belle Société, pintada por el artista poco antes de morir, superpone dos siluetas de un mismo personaje pero sustituye la imagen de un hombre por contornos que contienen motivos naturales y paisajísticos; una vegetación tupida, y delante, un perfil idéntico de playa y horizonte. Lejos de sumirse en el automatismo de la corriente más libre del surrealismo y sin abandonar, sin embargo, el gusto por lo onírico o psicoanalítico, Magritte dibuja con una línea segura, limpia, casi simple, con formas sencillas en aras de la libertad y la expresividad del pensamiento.

Magritte explicaba así su concepción de la pintura: “La imagen pintada es, de una parte, la descripción del mundo visible modificado por una manera de pensar, o bien por otra parte, la imagen pintada es la descripción del mundo visible comprendido de una manera espontánea”. 

Bilbao. La obra invitada: Magritte. Museo de Bellas Artes. 

Del 5 de julio al 29 de septiembre de 2011.

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“Another World. Dalí, Magritte, Miró and the Surrealists”

Sábado, julio 10th, 2010
Man Ray. Lee Miller´s Eye. Cortesía de Roland Penrose Estate, England 2010. Man Ray Trust/ADAGP, Paris and DACS, London 2010

 Las National Galleries of Scotland dedican al Surrealismo su gran exposición del verano

NATIONAL GALLERIES OF SCOTLAND
The Mound EH2 2EL
Edimburgo
Del 10 de julio de 2010 al 9 de enero de 2011
De lunes a sábado, de 10:00 a 17:00 horas
Domingos, de 12:00 a 17:00 horas

Del 10 de julio de 2010 al 9 de enero de 2011, en la Dean Gallery de las National Galleries of Scotland, Edimburgo 

Obras maestras de Dalí, Magritte, Picasso, Giacometti y Joan Miró se darán cita este verano en Edimburgo en “Another World”, gran exhibición con la que las National Galleries of Scotland celebran el medio siglo de su apertura.

Las piezas que forman parte de la muestra han sido cedidas por prestigiosas colecciones públicas y privadas internacionales, a las que se suma la del propio museo escocés, que mostrará al completo sus fondos surrealistas por primera vez.

“Another World” comenzará analizando los inicios del Surrealismo y la influencia extraordinaria que sobre este movimiento ejerció el Dadaísmo y las ideas anti-stablishment de Tristan Tzara, Jean Arp o Marcel Janco. Los instigadores de la tendencia surrealista confluyeron en París finalizada la I Guerra Mundial: entre 1919 y 1922 Man Ray, Duchamp o Max Ernst coincidieron en la capital francesa con Tzara y Arp. Breton emergió como líder del colectivo a comienzos de la década de los veinte, empleando el término surrealista utilizado por Apollinaire para definir al grupo, reunido a menudo en sesiones en las que mezclaban hipnosis, escritura automática y exploración del inconsciente y de los sueños, coincidiendo con una etapa de auge de las ideas freudianas. Esta temática fascinó a poetas como Paul Elouard, Robert Desnos o Aragon y a pintores como André Masson, Miró o Ernst.

En Edimburgo podremos contemplar pinturas en las que Magritte se sirvió de los procedimientos técnicos del arte tradicional para plasmar imágenes oníricas e ilógicas ligadas a las de De Chirico, ejemplos de los collage, frottage y grattage en los que Ernst trató de estudiar los misterios de la mente y esculturas que Giacometti, uno de los últimos surrealistas, elaboró inspirándose en formas que aparecían en su mente y que no tenían por qué significar nada, pero que solían sugerir sensaciones ligadas a la crueldad, el sexo, el peligro o la imaginación desbordada.

La escultura de mármol o piedra pierde su sentido en el colectivo surrealista: los objetos encontrados más o menos casualmente y extraídos de su contexto original se convierten en objetos artísticos por obra y gracia de la voluntad de Duchamp, Dalí, Bretton, Picasso o Man Ray.

Un último capítulo de “Another World” abordará la presencia del Surrealismo en Gran Bretaña de la mano de trabajos de sus principales representantes: Paul Nash, John Banting, Edward Wadsworth y John Armstrong, que respondieron al Surrealismo continental desde sus personales perspectivas.

altPablo Picasso

Lee Miller, 1937

National Galleries of Scotland. Succession Picasso/DACS 2004

altEdward Wadsworth

Pendent, 1942

Huddersfield Art Gallery. Estate of Edward Wadsworth. All rights reserved, DACS 2010

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Las obsesiones de los surrealistas a través de sus imágenes

Jueves, junio 17th, 2010

Mañana abre sus puertas en la sala Recoletos de la Fundación Mapfre en Madrid la exposición La subversión de las imágenes. Surrealismo, fotografía y cine, que presenta más de 400 obras que muestran el encuentro del movimiento surrealista con la imagen como lenguaje y como obra de arte, invitando a sumergirse en el proceso de investigación y descubrimiento que vivieron los miembros de esta corriente, cámara en mano, mientras forzaban los límites de estos medios para lograr sus fines.

La exposición, realizada en colaboración con el Centre Pompidou y el Fotomuseum Winterthur, se articula en nueve secciones en las que se entremezcla la obra fotográfica con diferentes cortometrajes y otro tipo de documentos para poder reflejar de manera simultánea cómo determinados motivos u obsesiones se repetían en todos los ámbitos de actuación en que trabajaban.

Los comisarios Quentin Bajac, Clément Cheroux, Guillaume Le Gall, Michel  Poivert  y Philippe-Alain Michaud han realizado un estudio y una revisión del movimiento en profundidad, no sólo en el ámbito de la fotografía, sino incluyendo la imagen grabada en movimiento como parte esencial de su expresión.

“Estamos convencidos de que éste es uno de los proyectos más brillantes que se han hecho nunca sobre el surrealismo. No sólo están todas las piezas realmente importantes, sino que lo que también está presente es el espíritu surrealista en su expresión más genuina”, afirmó en la presentación de la muestra el director general de la Fundaciónn Mapfre, Pablo Jiménez Burillo.

Cambiar la vida

Los surrealistas (adueñándose del discurso de Rimbaud) deseaban “cambiar la vida”, pero habían descubierto que para hacerlo era necesario comenzar por cambiar la mirada. Era imprescindible reinventar la forma de ver, el punto desde donde se observa y los parámetros, si los hay, que determinan la mirada.

“Subversión de las imágenes” –título del surrealista belga Marcel Mariën para una serie de fotografías de Paul Nougé– debe interpretarse en la forma de una doble acepción. Subvertir en el sentido de trasformar la imagen, pero también subvertir a través de la imagen, alterando las coordenadas de la realidad.

A través del discurso creado por más de 300 fotografías, 100 documentos y cerca de 10 películas procedentes de más de 60 prestadores de colecciones públicas y particulares, entre las que destaca la gran aportación de los fondos del Centre Pompidou, el visitante puede asistir a los múltiples usos que los surrealistas hacen de esta disciplina.

Nueve secciones

“Con el poder de las imágenes y el paso del tiempo es como se realizan las verdaderas revoluciones”, mantenía André Bretón. Esta exposición da fe del uso y manipulación de la imagen que realizaron estos creadores. Expone cómo abrieron la puerta a una mirada absolutamente diferente, contradictoria, enriquecida. Una mirada nueva a la que volver de manera incansable como fuente de aprendizaje, de inspiración y de aventura.

La muestra se articula en 9 secciones: La acción colectiva, El teatro de la sinrazón, Lo real, lo fortuito, lo maravilloso, La tabla de montaje, Pulsión escópica, El modelo interior, Escrituras Automáticas, Anatomía de la imagen y Del buen uso del surrealismo.

La Acción colectiva presenta la imagen del grupo como tal, y pone de manifiesto la necesidad que tenían de hacer primar lo colectivo sobre lo individual. Esos retratos crean su imagen de cara al exterior, mientras ellos manifiestan esa voluntad solidaria en actividades concretas: textos escritos a varias manos, cadáveres exquisitos y collages colectivos, entre otros. La evolución natural fue crear revistas y tribunas que sirvieran de trampolín para dar a conocer esa imagen y esas obras. La fotografía sirve para reafirmar su identidad colectiva.

Dramaturgia aplicada a la fotografía

La sección dedicada al Teatro de la sinrazón muestra como la teatralidad, la dramaturgia aplicada a la fotografía, es un pilar de la estética del surrealismo. Esta “escenificación” a la que someten los surrealistas al objeto o sujeto a retratar coloca al espectador en una situación nueva: la de voyeur que observa la representación de un mundo paralelo. La idea del erotismo planea sobre la mayoría de estas representaciones, siendo el cuerpo uno de los objetos de investigación esenciales del movimiento.  

La muestra continúa con Lo real, lo fortuito, lo maravilloso, sección donde la figura de Eugene Atget tiene especial relevancia. Atget seguía el principio de los fláneurs donde la ciudad era un territorio sagrado. Así, los surrealistas toman la calle en busca de lo maravilloso escondido o secreto. Escaparates, maniquíes, calles desiertas de noche se convierten en objeto a retratar: un nuevo universo fantástico que descubrir.

La idea de fragmentación de la realidad y del múltiple punto de vista que compartían todos los integrantes del grupo da lugar a la sección La tabla de montaje, donde se recogen ejemplos de cómo buscan dar lugar a encuentros inesperados. “Bello como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas”, en palabras de Lautréamont. Aquí, la recopilación de imágenes, fotografías, recortes o postales da lugar a collages, fotomontajes y cadáveres exquisitos que se publicaban habitualmente en revistas de la época. Resulta indiferente la voluntad o la ausencia de la misma en la realización de la obra, lo relevante es generar la tensión que ellos consideraban responsable de la fuerza poética de la obra.   

Ver con los ojos cerrados

Para los surrealistas la pintura era una obra de la imaginación, mientras que sus fotografías eran el arte de la reproducción de determinadas imágenes mentales. La sección El modelo interior plasma ese universo o remite a él. La entrada a este mundo se plasma en retratos de hombres y mujeres con los ojos cerrados que evocan la máxima actitud surrealista: ver con los ojos cerrados.  

La mirada surrealista siempre acecha la realidad. Esa situación de tensión y alerta se expone en La pulsión escópica, sección dedicada a cómo existe una necesidad irrefrenable de mirar el objeto de deseo. En la fotografía y el cine, las máquinas sustituyen al ojo y permite añadir intensidad a estos hallazgos por medio del  encuadre, acción que permite recortar a placer lo que se observa.

En la sección La Escritura automática, lo espontáneo y la actividad inconsciente relacionan directamente la idea de automatismo con la idea de hacer fotografías: Breton denomina la escritura automática como la “fotografía del pensamiento” y se lleva al extremo la idea de la acción del azar con los fotogramas creados por la huella directa de la luz, sin proceso químico de revelado. Pero aunque el azar tenía un placer preponderante éste no actuaba sólo.

Alcanzar la belleza convulsiva

En Anatomía de la imagen se muestra como, en aras de lograr “la belleza convulsiva”, Man Ray, Raoul Ubac o Maurice Tabard, entre otros, crean un nuevo lenguaje formal que altera y desfigura el convencional: someten el proceso de revelado o creación de las fotografías a técnicas como el brûlage, la solarización, la deformación o la inversión de los valores tonales. Desde el momento de mirar a través del objetivo hasta el revelado en el laboratorio, las etapas convencionales de la creación de la fotografía cambian y transgreden sus propios límites. La fotografía convencional se violenta dando lugar a una nueva realidad que mirar.

Cierra la exposición la sección Del buen uso del surrealismo, donde se muestra cómo esa revolución de forma y fondo que sufre la fotografía en manos del surrealismo rápidamente pasa al ámbito de la moda y la publicidad de la mano de los propios artistas que trabajan en estos medios.

Man Ray, por ejemplo, trabajaba para Harper’s Bazaar y Vogue. Los hallazgos los realizan en los años veinte y treinta, pero tras la guerra estos sectores los explotan a conciencia. Los fotógrafos contribuyen a la divulgación de la iconografía y la imaginería surrealista haciendo que ésta se incorpore a la cultura popular.

Con objeto de ampliar y hacer accesible al público general los contenidos de la exposición, la Fundación Mapfre ha preparado, como viene siendo habitual, una página web monográfica sobre la misma, desde donde los internautas pueden realizar un recorrido por la muestra y sus obras más destacadas. Asimismo, es posible descargar un extracto del catálogo y acceder a la información sobre los talleres y visitas.

Madrid. La subversión de las imágenes –Surrealismo, fotografía y cine–. Fundación Mapfre.

Del 17 de junio al 12 de septiembre de 2010.

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