Como parece ser que existe una cierta animadversión por el papel de las Galerías de Arte en la actualidad, vamos a adherirnos a esa corriente y en los siguientes “post” daremos las razones que nos inducen a ello.
El hecho de exponer en una Galería de Arte no es necesario pues es bien cierto, que al comprador le encanta conocer al artista. Y si es en su propio estudio mejor. Hablar con él sobre su obra, su trabajo. Rodeado del clásico desorden de un taller creativo. En ese ambiente entre bohemio e informal. De un mundo sensible, especial, fuera del materialismo que nos rodea habitualmente.
Al hilo de ello, recuerdo una anécdota, creo que de John Singer Sargent (1856 -1925). Este estupendo autor sobretodo de retratos, recibía a menudo, evidentemente, a los clientes en su estudio. En cierta ocasión una dama conocida, le pidió que realizara un cuadro en el que ella fuera el personaje central. Sargent por supuesto accedió y la invitó a que se pasará por su estudio para esbozar en principio, el encargo. La dama llegó y le aclaró que ella ya tenía en mente la obra que quería y a continuación, con todo lujo de detalles en una extensa disertación, explico al artista como debía ser el retrato. Sargent cada vez más estupefacto, intentaba en vano colocar alguna frase en aquella marabunta descriptiva que guiara a la dama hacia su concepción propia del estilo y forma de trabajar. “Esto no puede ser de esta forma porque está fuera de mi estilo…” o “no puedo poner ese paisaje de fondo pues rompe la armonía” o “es imposible ese color con esa base…” etc., etc. La dama lejos de aceptar los consejos del artista, parecía enfadada y defraudada con él. No era tan bueno como le habían dicho….!!!! Aún peor, ante el nerviosismo creciente de Sargent llegó a decirle “Todo lo que me habían dicho de usted era mentira. No solo es usted un pintor mediocre sino que además es un maleducado, incapaz de entender mi buen gusto y mis conocimientos artísticos…!!”.
Bueno, Sargent era un exagerado, seguramente, como “todos” los clientes, la dama era amable, cordial y encantadora y don John Singer Sargent no supo aislar su mal humor de aquel día, de su profesión.
NOTA INFORMATIVA
Desde siempre, los artistas han vendido su obra en el estudio. Con ciertas ventajas….. He oído muchos comentarios de esos encuentros comerciales que no puedo, por pudor, reproducir aquí.






































































